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CAFICULTURA EN LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA - UNA ACTIVIDAD QUE INTEGRA INVESTIGACIÓN, DESARROLLO TECNOLÓGICO Y LA FORTALEZA DEL GREMIO

23/10/2015

Por: Ing. Edgar Augusto Ramírez Perdomo – Director Ejecutivo Comité de Cafeteros del Magdalena

Hacer caficultura sostenible en el Departamento del Magdalena requiere una implementación tecnológica basada, primordialmente, en el conocimiento de las singularidades de nuestra oferta ambiental y a la importancia global que tiene la Sierra Nevada de Santa Marta.

La historia de la zona cafetera en este macizo montañoso, se remonta a finales del siglo XIX; época en la que se establecieron grandes haciendas en la jurisdicción del actual Distrito de Santa Marta. Desde un principio se entendió que el clima y la distribución de las lluvias de la zona cafetera más al Norte del país; caracterizado por un clico “mono-modal” de lluvias de abril a diciembre, obligaban a establecer cultivos bajo sombra y a desarrollar labores de siembra y mantenimiento armonizado en esta dinámica natural.

Ha sido una historia económica de picos y valles, de épocas de bonanza; pero también de crisis generadas por distintos factores: los efectos del conflicto interno en los años 80 y 90; la incidencia de fenómenos climáticos extremos como “el niño” y “la niña”, con los impactos resultantes sobre la productividad de los cafetales, han representado retos que el productor de la Sierra ha podido asumir y superar, con mucha habilidad, acompañamiento técnico, inversiones oportunas y un alto sentido de pertenencia frente a su actividad.

En el 2007 se inició un plan estratégico para hacer competitivo el café de la Sierra Nevada de Santa Marta; teniendo en cuenta que por sus condiciones de cultivo bajo sombra, cosecha concentrada y atributos de taza diferenciados, ya era reconocido como un “café especial” en los mercados internacionales y el interno. Se fueron cambiando las variedades predominantes, Typica y Caturra, por líneas resistentes al ataque de hongos y adaptadas a las condiciones ambientales regionales; desarrolladas por el Centro Nacional de Investigaciones de Café – Cenicafé - en la subestación experimental de Pueblo Bello (Cesar), en la Sierra Nevada de Santa Marta.

El avance en el cambio de variedad implica pasar de un promedio de 1.500 árboles viejos de variedad Typica (de porte alto) a un promedio de 5.000 árboles nuevos de variedad compuesta, Castillo, de porte bajo. Esto se traduce, tanto en un cambio radical en el manejo de los cultivos, como en una potencialidad mayor en materia de productividad. Al empezar el 2015, completamos 9.215 hectáreas de café sembrado con variedad Castillo y se tiene la meta de renovar 1.500 hectáreas, gracias a un proyecto cofinanciado por el Fondo de Adaptación.




Con todos esos esfuerzos, se apunta a que en pocos años, los cafetales de la Sierra Nevada se conviertan en verdaderos arreglos forestales orientados a la producción de “cafés sostenibles”, con una alta productividad; pues, no sólo se requiere hacer frente a las enfermedades del café; sino también, alcanzar la máxima productividad, con criterios de responsabilidad y sostenibilidad ambiental, para contrarrestar situaciones como la volatilidad del precio interno, afectado por el precio referencial de la Bolsa de Nueva York; los cambios en la tasa de cambio y en la prima del café colombiano.

Los productores tienen la tecnología disponible (desarrollada por Cenicafé) y la oportunidad de adoptarla mediante un fuerte proceso de extensión rural. La sostenibilidad económica y ambiental del cafetero colombiano es un reto gremial y social sin antecedentes. El éxito de esta iniciativa privada, sumada a una notable fortaleza institucional, puede ser la alternativa de desarrollo sostenible para más de 5.000 familias de campesinas, indígenas y empresarios en el Magdalena.

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